PARTE I: Lucas
Lucas no conseguía
concentrarse en ninguna de las clases porque estaba que no cabía en sí de
felicidad. Tras un año acudiendo tres días por semana a casa del padre Figari, preparándose
muy duramente para poder entrar en el Sodalicio de Vida Cristiana y despertar
su energía kundalini, por fin aquella tarde, según le había prometido el cura,
iba a completar su transición hacia un nuevo estadio en el camino hacia la
espiritualidad.
Al
salir del instituto, las piernas de Lucas tomaron tal carrera que, para cuando
llegó a su destino, tuvo que detenerse antes de llamar, pues le faltaba el
aliento. Segundos después, el padre Figari abrió la puerta, seguramente porque
le había oído llegar.
—Buenas
tardes, Lucas, ¿estás preparado? —preguntó el cura, tendiéndole la mano
en un claro gesto de invitación.
—Sí,
padre. Llevo todo el día pensando en esto. Nunca he estado más preparado.
Ambos
entraron en la casa, que a Lucas siempre le había parecido demasiado silenciosa
y vacía, como si anunciase a gritos que allí vivía un hombre solitario, y se
dirigieron al cuarto de invitados, en cuya cama habían practicado cientos de
dolorosas posturas de yoga durante el eterno año de preparación. El viejo cura,
tan amable como siempre, le ayudó a acomodarse y, acto seguido, se sentaron uno
al lado del otro. Lucas, como de costumbre, ofreció su mano a Figari para que
le transmitiese esa energía que siempre le daba tanta seguridad, y este la
apretó entre las suyas.
—Como
ya sabes, querido, hoy completas tu transición, pero primero quiero estar
seguro de que has aprendido la lección. Dime, ¿qué es la kundalini? —empezó el
cura.
—La
kundalini es la energía invisible que duerme dentro del muladhara, el primero
de los chakras, ubicado en el perineo. A través de los ejercicios que hemos
estado practicando, la kundalini despertará y ascenderá por mi columna gracias
al fluido espinal para llegar hasta el corazón y el cerebro, lo que me otorgará
un nuevo poder espiritual —recitó Lucas, sorprendido por su manejo del
discurso.
—¡Muy bien, querido! —exclamó Figari—. Veo que
de verdad estás preparado. Ahora dime, ¿cuál crees que es el líquido más fuerte
para dar un último empujón a la kundalini?
Lucas
negó con la cabeza, con un brillo en los ojos que delataba su emoción. ¿Cuál
podía ser? Después de tanta espera lo único que deseaba era llegar a ese nuevo
estadio espiritual y estaba dispuesto a hacer todo lo que el padre Figari le
pidiese con tal de alcanzarlo cuanto antes.
PARTE II: Figari
Sentado en su
viejo e incómodo sofá, el padre Figari miraba por la ventana aguardando la
llegada de su aprendiz, Lucas, un estudiante de secundaria muy apuesto, al
cual, muy a su pesar, iba a ser la última vez que viese, pero también la más
intensa. Caída ya la tarde, la oscuridad exterior le permitía observar su tenue
reflejo en el cristal, y sus ojos arrugados y distantes, que contaban por sí
solos cuán triste era su historia, le hicieron rememorar los días en los que él
mismo despertó su kundalini y entró en el Sodalicio. Tras haberse dejado convencer
por sus padres después de que estos descubrieran las revistas de hombres
desnudos que escondía debajo de su cama, le pusieron bajo la tutela del padre
Santos y, gracias a Dios, una vez completada la transición, descubrió que en el
Sodalicio podía dar rienda suelta a sus deseos frustrados, por lo que decidió
dedicar su vida a ello.
—Buenas
tardes, Lucas, ¿estás preparado? —preguntó al tiempo que abría la puerta
tras ver llegar al chico, sudoroso y tan provocador como siempre.
Lucas
cogió su mano y respondió:
—Sí,
padre. Llevo todo el día pensando en esto. Nunca he estado más preparado.
Entraron
en la casa y dejó que Lucas fuese primero para así poder observar su firme y
apretado trasero atlético. Llegaron al cuarto de invitados, donde durante todo
un año había colocado al joven, medio desnudo, en todas las posturas que se le
habían pasado por la mente y cuyo recuerdo tanto placer le había proporcionado por
las noches en su intimidad. Le ayudó a quitarse la chaqueta para no perder su
amabilidad característica, y le pidió que se desprendiese de todo lo demás, a
excepción de la ropa interior, y que lo dejase donde siempre. Sentados uno al
lado del otro, Lucas empezó su habitual juego de provocación del que Figari
estaba seguro que el chaval también disfrutaba, ofreciéndole su mano para que
él se la apretara.
—Como
ya sabes, querido, hoy completas tu transición, pero primero quiero estar
seguro de que has aprendido la lección. Dime, ¿qué es la kundalini? —empezó
Figari.
Mientras
Lucas respondía lo que él ya se sabía de memoria, “la kundalini es la energía
invisible que duerme dentro del muladhara, el primero de los chakras, ubicado
en el perineo, y bla, bla, bla”, él sólo podía agradecer tener las manos del
chico entre las suyas para que este no pudiera ver cuánto le temblaban al
pensar que por fin iba a poder consumar su deseo por aquel joven de catorce
años, en cuya cabeza había depositado tantas ideas durante tanto tiempo que haría,
a ciencia cierta, cualquier cosa que él le pidiese.
—¡Muy
bien, querido! —exclamó sobresaltado al darse cuenta de que Lucas había acabado—.
Veo que de verdad estás preparado. Ahora dime, ¿cuál crees que es el líquido
más fuerte para dar un último empujón a la kundalini?
El
chaval, cuyos ojos brillaban como nunca, negó con la cabeza. Figari prosiguió:
—El
esperma. Lo que voy a hacer es depositar esperma en tu zona sacra. Quítate los
calzoncillos.
Tarea: Escribir una
escena dos veces utilizando narrador cuasi omnisciente (en tercera persona)
pero cambiando la focalización; en una tendremos el punto de vista de un personaje,
con sus pensamientos y sus observaciones y en la otra el del otro personaje. En
ambos textos han de entenderse cosas diferentes. La historia que he escrito está basada en hechos reales.

Está muy bien narrada pero si es una historia real es lo mas asqueroso al ser menor y el cura!!
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